viernes, 13 de septiembre de 2013

Houbo un tempo

Houbo un tempo pasado no que en Galicia non existía o eucalipto. As paisaxes eran inmensamente fermosas, o monte estaba vivo, activo e existía armonía entre a natureza, os seus recursos e os seus habitantes. Un tempo no que Galicia era verde sen pedir perdón por iso, verde por natureza.
Nas últimas catro décadas esa realidade mudou. O monte foi abandonado e, co tempo, quedou exposto á especulación. Á implantación masiva e desordenada de eucaliptos (árbores foráneas de crecemento rápido), parques eólicos, canteiras e minas. As provincias de Pontevedra e A Coruña están ateigadas da árbore australiana, e as fragas, outrora raíñas da paisaxe, foron cedendo espazo e interese para os galegos. Agás nos ríos (destacando as do Eume) e determinados lugares aillados, o resto desas provincias é un enorme eucaliptal mal coidado, case nunca limpado e sempre exposto a un fenómeno que empezou a manifestarse nos anos setenta: os incendios. Lumes provocados, porque á altura do tempo no que andamos resultaría unha inxenuidade descomunal pensar que o fogo prende só, polas calores, por raios ou por intervención divina ou extraterrestre. Os lumes son intencionados, e por múltiples causas, todas elas especulativas. E o peor é que tamén afectan ás provincias non "eucalípticas", Lugo e Ourense, porque os intereses van máis aló. 





Neste mesmo minuto, e dende hai moitas horas, arde por completo unha das paraxes máis fermosas de Galicia. O Monte Pindo, auténtico castelo rochoso erguido xunto á costa veciña da Fisterra. O terrorismo forestal xa intentou arrasar as Fragas do Eume (eu mesmo vin aquela triste tarde dous focos diferentes, pese ao que diga o Seprona) e seguirá intentando aniquilar todos os espazos naturais galegos. Por que? Para que? De seguro que hai moitos motivos. Crear cotos de caza (xa é sabido que en Galicia os escopeteiros campan ás súas anchas polos montes), ampliar pastos para o gando, forzar á recualificación de espazos coa fin de poder implantar futuras explotacións mineiras, estimular o crecemento do eucalipto... Dúcias de razóns as que poderian explicar este fenómeno que destrúe o patrimonio natural galego, que é de todos, ao servizo de intereses particulares executados con métodos mafiosos. Os sicarios do lume, os terroristas a tempo parcial, os descerebrados, seguirán prendendo lumes por todos os currunchos de Galicia mentras non se endurezan as leis, mentras se siga vendo ao monte como lugar de alimañas, mentras non se implante unha auténtica conciencia ecolóxica na poboación. Mentras non acaben no cárcere os culpábeis, Galicia seguirá sendo unha páxina de sucesos, unha realidade agachada baixo o fume da confusión, o lume das vanidades e a cinza da senrazón.

4 comentarios:

  1. 1ª PARTE_
    Me ha gustado la entrada en este blog recién descubierto y he de decirte que no dejas de sorprenderme. Poco tiempo antes de que escribieras este artículo, en el verano de 2013, recorrí a pie una parte de Galicia, la provincia de Pontevedra de Sur a Norte y parte de Coruña, y agradecí la presencia de esos bosques de flora autóctona que aún persisten de robles, castaños , fresnos y abedules, con el monte bajo de toxos, helechos, brezos y de vez en cuando esas hortensias que crecen salvajes en el clima húmedo y suave de la zona oceánica gallega. Me deleité con ese paisaje idílico y bucólico, donde tan sólo se delataba el paso del hombre, por la construcción de la calzada romana vía XIX , por donde transcurrían algunos tramos del camino.
    Pero los árboles que yo conocí ,de niña, en Pontevedra, y que tan buenos recuerdos me traían ,eran los eucalíptos, y que su aroma me transporta a esos días de los veranos de los años 70, que pasaba con mi abuelo en la Galicia profunda del concello de Cuntis, en la parroquia de Estacas. Ese olor , ya de por si era medicinal, y más tarde descubrí que sus vahos, eran útiles en la congestión nasal y en las infecciones respiratorias, y que la esencia de eucalipto era uno de los componentes del mítico “vicks vapo rub”. Algunos días me escapaba corriendo de la casa, y me perdía en los bosques de eucaliptos, simplemente por el placer de respirar , aunque mi máxima evasión en esa época era balacearme en un columpio que me hizo el abuelo, en un robusto roble, en un paraje llamado “Carballeira”. Allí no me quedaba otra que empezar a chapurrear algunas palabras en gallego, o en francés, si quería jugar con los niños de la zona ; si no hablaba, no jubaba, y me condenaba a estar siempre sola y no poder relacionarme con la gente de mi edad.

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  2. 2ª PARTE
    Hacía los 20 años se me cayó el mito de los mágicos eucaliptos de Galicia. Salí durante un tiempo con un chico que estudiaba Ingeniería Forestal , aunque él se definía como un “biólogo frustrado”, y los paseos con él empezaron a perder el romanticismo, cuando intentaba seducirme , presumiendo de saber nombrar a todas las especies arbóreas que nos encontrábamos, con sus nombres en latín , pero a mí, lejos de parecerme un gesto culto, me resultaba más bien un acto insultante. ¿Cómo se podía perder el encanto de un paseo por el Canal de Castilla, al principio de la primavera , con los almendros en flor , llamándoles “prunus dulcis”? ¿ O cómo se le ocurría , en una salida al monte en una mañana de nieve , llamar a las sabinas “juniperus thurifera”? ¿ O cuando paseábamos por los preciosos jardines de Palencia, con su afán por distinguir las distintas especies de pinos “pinus pinea”, “pinus sylvestris”, “pinus pinaster”? En esa época los Jardinillos de Palencia, el parque del Salón y la Huerta del Guadián, dejaron de tener encanto para mí. Algunos días lo acompañaba a hacer el trabajo de campo , apuntando en los cuadernos y clasificando minuciosamente la flora y fauna de la Rivera del Pisuerga, y es cuando me hablaba de la importancia de los árboles, los bosques y los medios naturales autóctonos, que son los que realmente mantienen los ecosistemas. Me hablaba de los eucalíptos en Galicia , como una especie invasora, que habían traído de Australia, porque crecía muy bien con la humedad de Galicia, y se podía sacar provecho económico con las industrias madereras y papeleras para la fabricación de papel de cocina, papel higiénico y pañuelos, incluso me invitaba a no utilizar esos tipos de papel para hacer boicot a las papeleras. Me decía que la reforestación con eucaliptos en Galicia había sido un invento del régimen franquista, para crear puestos de trabajo con las plantaciones, y así empezaron repoblando los montes con pinos y continuaron con los eucalíptos. Entonces aquellos maravillosos bosques aromáticos de mi infancia, dejaron de serlo para convertirse en plantaciones, problemáticas, que causan incendios incontrolables, por la gran altura a la que llegan en poco tiempo de crecimiento y a la rápida combustión de su madera.
    Al poco tiempo , su primer trabajo fue en el servicio de extinción de incendios, en Galicia, en la provincia de Lugo y entonces las críticas a la política de reforestación con eucaliptos eran cada vez más evidentes, y proponía volver a reforestar con especies autóctonas, con espino, laurel, abedul, robles y fresnos, para que también se pudiera recuperar la fauna que estaba en peligro. Nos entendíamos bien, porque como yo era de pueblo, y siempre había observado la naturaleza, no me resultaba difícil identificar los árboles y gran parte de los arbustos, y además conocía las cualidades medicinales de muchas plantas, ya que mi madre siempre había utilizado remedios naturales y en mi vida de estudiante eran famosos mis botes de cristal con hierbas, para hacer en infusiones, y esa costumbre ha trascendido tanto , que mis hijos, hoy día, me dicen a ver si los guionistas de la serie “ La que se avecina” se han inspirado en mi, para el personaje de “Araceli".

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  3. 3ª PARTE_
    En el verano del año 2012, hubo un importante fuego en mi pueblo, en Cubo de Benavente, donde se quemaron casi 1000 hectáreas de monte, y pude hacer observaciones importantes. El monte bajo era de urces y de jaras y se carbonizaron por completo, y los arboles de repoblaciones forestales de pinos, y chopos ardían con mucha facilidad y en poco tiempo, mientras que las encinas y los robles, correspondientes al bosque autóctono, actuaban como cortafuegos, resistían , no se quemaban y no ayudaban a propagar las llamas.
    Ese fuego me hizo reflexionar sobre la crisis económica a la que nos ha llevado el estado del ocio y el bienestar, y los destinos de nuestras economías, en manos de banqueros, multinacionales y otros estamentos. Proponía como alternativa para buscar soluciones , la vuelta al mundo rural, a vivir en nuestros pueblos que se quedaron casi abandonados, tras el éxodo rural, en busca de nuevas oportunidades en las ciudades. La vía más natural y más humana, sería la vuelta al cultivo tradicional , en las tierras heredadas de nuestros abuelos, con la filosofía de la subsistencia y la autogestión. Saldríamos adelante de la crisis de valores a la que estamos sometidos y pondríamos en valor las fuentes de la naturaleza; el mirar al cielo cada día, para ver el estado metereológico, y dejar que los agentes atmosféricos nutran la tierra y la vida en el campo. La vuelta a la agricultura y a la ganadería, harían un gran bien en la lucha contra los incendios y la deforestación . Con los animales alimentándose en los montes, se limpiarían estos de forma natural y se podrían aprovechar las ramas secas y la maleza como combustibles en los hogares, para cocinar y calentar los ambientes. Sería una vuelta al respeto por el Medio Ambiente, ya que la naturaleza nos aporta combustible de forma equilibrada.
    Marifé Andrés Andrés.

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